miércoles, 5 de octubre de 2016

Disculpas

Mis más sinceras disculpas por este lapso de tiempo. A principios de septiembre me mudé a Inglaterra y el cambio me ha mantenido muy ocupada. De modo que el septiembre literario que tenía planeado se ha visto afectado por todos los vaivenes que implica acomodarse en un nuevo país.
Pero tampoco crean que me he portado tan mal como suponen, he tenido tiempo de leer L'instint y L'amant.
Mañana tendrán un pequeño apunte sobre la novela de Sergi Pàmies. 


sábado, 10 de septiembre de 2016

Epílogo

Nunca se me ha dado bien hacer las maletas. La ropa de siempre, un paraguas, el abrigo peludo, el chaleco beige, unas manoplas, aquel poncho que me regalaron por mi cumpleaños, el trikini de estampado floral... En este orden gradual el espacio en mi maleta va siendo ocupado por objetos cada vez más y más remotos.  Achaco estas tribulaciones a mi propio carácter imaginativo e indeciso. ¿Quién sabe si será durante mi estancia cuando por fin se de la situación idónea para estrenar el trikini?

Mañana parto al condado donde la familia Dashwood llevaba afincada largo tiempo. Vosotros, lectores de Austen, lo habéis deducido pronto: Sussex.  Allí estaré hasta junio, cuando termine el curso y ya no soporte más la lluvia y el frío.

Pero voy con lo importante, quiero mostrarles cómo va a ser mi septiembre, literariamente.





miércoles, 24 de agosto de 2016

Mágicas ventanas




Nos vemos en septiembre.






Tal vez fuera este mismo canto el que una senda encontró en el triste corazón de Ruth, cuando, enferma de añoranza, se sumía en el llanto rodeada de trigos extranjeros, la misma que otras veces ha encantado mágicas ventanas que se abren en preligrosos mares en prodigiosas tierras ya olvidadas.
 Oda a un ruiseñor, John Keats.
 



miércoles, 17 de agosto de 2016

Sylvia Plath: La campana de cristal





Cuando emprendí la lectura de La campana de cristal sabía que iba a resultar imposible evitar el aliño biográfico. El mito pesa demasiado. La mujer que en la madrugada del 11 de febrero de 1963 se suicidó metiendo la cabeza en un horno no era Sylvia Plath. La Sylvia Plath a la que nos referimos es mucho más que eso, es el nombre de un icono, un mito cuya vida se ha convertido en relato.




La poeta norteamericana y su obra se han convertido en baluarte del espíritu independiente e inconformista de aquellas jóvenes de generaciones recientes que desafían los convencionalismos y deciden perseguir sus propias ambiciones con una actitud independiente y liberada. 

En esta, la única novela que escribió, Plath narra un episodio crítico de su juventud. Su álter ego literario es Esther Greenwood, una excelente estudiante de diecinueve años que, junto con otras once afortunadas, es premiada con una estancia en Nueva York para colaborar como editora de una revista femenina. Ella misma es consciente de que se encuentra en una situación envidiable para muchas otras chicas y sin embargo, no puede deshacerse de un sentimiento de vacío y alienación. 

I saw the years of my life spaced along a road in the form of telephone poles, threaded together by wires. I counted one, two, three... nineteen telephone poles, and then the wires dangled into space, and try as I would, I couldn't see a single pole beyond the nineteenth.


Una exacerbada autoexigencia, la competencia entre las facetas de escritora y ama de casa, una mala relación con su madre y el lastre de la pérdida de su padre (los psicoanalistas se frotan las manos) desembocan en un intento de suicidio al que le sigue una temporada de internamiento bajo terapia electroconvulsiva. 
La novela termina con un comienzo; Esther Greenwood ha superado la crisis y termina su estancia en el sanatorio. Aunque es inevitable no conmoverse con el que sabemos, es el verdadero epílogo. Justo un mes después de la publicación de la novela, Sylvia Plath pone fin a su vida.
Es la crónica de una depresión, contada más que nunca en primera persona con tal lirismo y transparencia que vemos a través de los ojos de la protagonista, desde dentro de la campana de cristal. 


viernes, 12 de agosto de 2016

Consejo para comer ensalada entre esnobs




Había descubierto, después de sufrir una aprensión extrema sobre qué cuchara utilizar, que si haces algo incorrecto en la mesa con cierta arrogancia, como si supieras perfectamente que estás haciendo lo conveniente, puedes salirte con la tuya y nadie pensará que eres un irrespetuoso o un maleducado. Pensarán que eres original y muy ocurrente.

Aprendí este truco el día que Jota Ce me llevó a comer con un poeta famoso. Llevaba una chaqueta de tweed marrón pardo, horrible, abultada, con pantalones grises y un jersey de cuello abierto a cuadros rojos y azules en un restaurante muy formal lleno de fuentes y candelabros, donde todos los otros hombres vestían trajes negros e inmaculadas camisas blancas.
Este poeta comía la ensalada con los dedos, hoja a hoja, mientras me hablaba sobre la antítesis entre arte y naturaleza. Yo no podía despegar mis ojos de sus pálidos dedos viajando del cuenco a la boca cada vez con una hoja de lechuga goteando. Nadie rió entre dientes ni murmuró ningún comentario grosero. El poeta hizo que comer ensalada con los dedos pareciera lo único natural y sensato que cabía hacer.

La campana de cristal, Sylvia Plath

I'd discovered, after a lot of extreme apprehension about what spoons to use, that if you do something incorrect at table with a certain arrogance, as if you knew perfectly well you were doing it properly, you can get away with it and nobody will think you are bad-mannered or poorly brought-up. They will think you are original and very witty. 

I learned this trick the day Jay Cee took me to lunch with a famous poet. He wore a horrible, lumpy, speckled brown tweed jacket and gray pants and a red-and-blue checked open-throated jersey in a very formal restaurant full of fountains and chandeliers, where all the other men were dressed in dark suits and immaculate white shirts.
This poet ate his salad with his fingers, leaf by leaf, while talking to me about the antithesis of nature and art. I couldn't take my eyes off the pale, stubby white fingers traveling back and forth from the poet's salad bowl to the poet's mouth with one dripping lettuce leaf after another. Nobody giggled or whispered rude remarks. The poet made eating salad with your fingers seem to be the only natural and sensible thing to do.

The Bell Jar, Sylvia Plath.

domingo, 7 de agosto de 2016

Shakespeare: Sueño de una noche de verano




Sueño de una noche de verano (A Midsummer Night’s Dream) es una comedia de desencuentros amorosos que se desarrolla durante la noche de San Juan, en una atmósfera de fantasía y magia. Hadas, trasgos, filtros y transfiguraciones aparecen junto a grandes personalidades de la clásica Atenas, una conjunción de lo más peculiar.

En la obra se distinguen tres planos diferentes: los ciudadanos atenienses, el mundo de las hadas y los trabajadores humildes. Todos ellos, aunque ricos o pobres, mortales o inmortales, sufren del mismo modo los caprichos del amor, verdadero protagonista de la obra.  

El entramado de amoríos es notable: En cuatro días se celebrarán las nupcias del duque de Atenas, Teseo e Hipólita, este es el plazo que se le ha otorgado a Hermia para decantarse entre, contraer matrimonio con Demetrio o vivir en celibato el resto de sus días. Para huir y librarse de esta imposición, se cita a medianoche en los bosques con Lisandro, su verdadero amado. Sus planes se ven frustrados cuando Helena desvela sus intenciones a Demetrio, a quien ama sin ser correspondida. A esta  misma hora y lugar también se reunirán un grupo de artesanos para ensayar la tragedia de Píramo y Tisbe con la que pretenden amenizar las bodas de Teseo e Hipólita.

Pero las profundidades de los bosques son hogar y reino de criaturas fantásticas con poderes maravillosos que pueden trastocar la voluntad de aquellos que se adentran en ellos. Oberon y Titania, rey y reina de las hadas respectivamente, están en discordia. Titania se ha encariñado con uno de sus pajes, negándose a cederlo a Oberon para que forme parte de su séquito. Para vengarse y hacerse con el joven preferido, encarga a Puck verter en los párpados de la monarca unas gotas de un filtro que hará que caiga rendida ante los pies (o pezuñas) de aquel a quien primero vea tras despertar. Por casualidad, Oberon observa como Demetrio desprecia con crueldad a Hermia y conmovido, encomienda también aplicar la fórmula sobre este.
Todo se complica cuando Puck yerra y emplea la poción con Lisandro. Titania, por su lado, se enamora de Bottom, uno de los trabajadores que preparan la puesta en escena de su obra y que ha sido transformado en asno. 

Esta serie de malentendidos quedan solventados antes de que despunten las primeras luces del alba. Solo restará de ellos un vago recuerdo, una reminiscencia onírica. Teseo, incrédulo ante los acontecimientos que todos coinciden en narrar sentencia:

Henry Fuseli, Titania Embracing Bottom, 1792-93

The lunatic, the lover and the poet
Are of imagination all compact
One sees more devils than vast hell can hold:
That is madman. The lover, all as frantic,
Sees Helen’s beauty in a brow of Egypt
The poet’s eye, in a fine frenzy rolling,
Doth glance from heaven to earth, from earth to heaven;
And as imagination bodies forth
The forms of things unknown, the poet’s pen
Turns them into shapes, and gives to airy nothing
A local habitation and a name .
Such tricks hath strong imagination
That, if it would but apprehend some joy,
It comprehends some bringer of that joy;
Or in the night, imagining some fear,
How easy is a bush supposed a bear!





El lunático, el amante y el poeta están hechos por entero de imaginación. El loco ve más diablos de los que llenan el infierno. El amante, igual de alienado, ve la belleza de Helena en la cara de una gitana. El ojo del poeta, en divino frenesí, mira del cielo a la tierra, de la tierra al cielo y, mientras su imaginación va dando cuerpo a objetos desconocidos, su pluma los convierte en formas y da a la nada impalpable un nombre y un espacio de existencia. La viva imaginación actúa de tal suerte que, si llega a concebir alguna dicha, cree en un inspirador para esa dicha; o, de noche, si imagina algo espantoso, es fácil que tome arbusto por oso.


Muy lúcido, ¿no creen?


sábado, 30 de julio de 2016

Viajeros

De vez en cuando para combatir el calor y refrescarme leo algo de Quim Monzó. Especialmente, tras leer una de esas extensas novelas grandilocuentes de damas y caballeros donde predominan las oraciones subordinadas, recurro a este autor para alejarme por un momento de densas cavilaciones.

Quim Monzó es un autor que se siente cómodo en el formato breve. Su mejor versión la encontramos en los cuentos y relatos recopilados en El por qué de las cosas (1994), Ochenta y seis cuentos (2001), Mil cretinos (2007) y muchos otros. Personajes que podrían ser tu vecino en situaciones de lo más cotidianas son la materia prima a partir de la que hacer sátira de las miserias humanas. Con un estilo sencillo, transparente y divertido. Lo que les decía, un perfecto refrigerio veraniego.
Estos días me entretengo con una selección de artículos publicados en prensa del 1991 al 1993 y recogidos bajo el título No plantaré cap arbre (no existe versión en castellano). Uno de estos artículos me ha parecido idóneo para estas fechas. Pues verán, Monzó distingue dos tipos de viajeros: los planificadores que, entre cosas cosas, eligen con antelación que libro va a acompañarles en su viaje y aquellos que permiten más licencias al azar y que, en caso de que en el caso de llevar alguno, su elección no guarda ninguna relación con el destino. Leía esto con una ligera sonrisa cómplice y recordaba mis últimos viajes y sus compañeros literarios. Para mí sería un sacrilegio leer Cumbres borrascosas acostada en la playa, acompañada de los gritos alegres de los niños y un olor que bascula entre el protector solar y la fritanga del chiringuito. 
Me confieso una lectora de las del primer tipo, imagínense cuánto que en los días venideros les hablaré de la obra que ocupa mis noches: Sueño de una noche de verano.

Les dejo el artículo del que les he hablado en catalán y castellano.

https://drive.google.com/file/d/0Bzl5B3aZXMJNSVhqWnJIX0VTWDQ/view?usp=sharing


Mientras traducía me he topado con uno de esos títulos inquietantes. ¿Sabéis cómo llamamos aquí a The Sun Also Rises de Hemingway? Fiesta. Quim Monzó, responsable de la versión en catalán, se mantiene fiel al original: El sol també s'aixeca.